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Y SI VUELVE ?

Relato



LA INQUIETUD DEL MIEDO
Ella le coge la mano en silencio, indefensa, mirando a su hija con los ojos con que sólo una madre puede verla. No hay palabras, sólo pensamientos que quizá fluyan para converger en un mismo destino conjunto. O simplemente para reforzar el contacto de la piel unida en caricia.La habitación del hospital es fría, pero no sin alma. En su espacio flotan historias antes vividas en la misma cama, en el mismo sillón del acompañante. En las mismas angustias. La madre se siente triste, no por el mal presagio intuido, sino por la ausencia inmediata de parte de su alma y con ella; de su entereza y alegrías. Sabe que ya no volverá a ser la misma. Su hija, sintiendo la emoción a través de sus manos, le da dulcemente un beso en la frente. La fría y calma voz del doctor hace que se vuelvan hacia él.

- Vamos a quitar las vendas –y añade sonriente – parece ser que las células de los tejidos han reaccionado favorablemente,

Ayudado por la enfermera experimentada y delicada de trato y formas, provoca la ausencia de vendajes alrededor del hombro, del cuello y de la parte lateral de la cara y el oído que permiten descubrir una carne rosada, donde apenas unas semanas antes había dolor, sufrimiento y sorpresa del ácido derramado. La enfermera avanza con un espejo, mostrando los resultados a la mujer quien esboza una tímida sonrisa de agradecimiento en la mirada al doctor que, circunspecto, contempla la escena. La niña, apenas quince años, no contiene el llanto cuando se escucha de nuevo la voz del médico.

- Habrá una segunda intervención en unos meses y si la regeneración tisular de la epidermis es adecuada, en poco tiempo volverá a tener un aspecto casi normal.

- Gracias doctor, no sé cómo…

- No tiene que agradecer nada – le interrumpe éste – si acaso a la Providencia que evitó que el ácido afectara a los ojos o a otras partes sensibles. Ha tenido suerte..

Se vuelve a mirar a la niña, y con un gesto de la mano le indica que se acerque, alejándola un poco de la cama desde donde su madre los sigue con ojos angustiados.

- Esto que has visto hoy, el rostro de tu madre, se llama esperanza; y tú eres el soporte más importante ahora de esa esperanza. Será duro para ti, muy duro, pero el bastón y la clave de su recuperación; serás tú ¿lo entiendes?

La niña lo mira asintiendo, trasluciendo aún el miedo que le produce la visión clavada como un garfio en su mente de lo ocurrido semanas atrás, y de la que fue testigo sorprendido y asustado.

- ¿Y si vuelve?

El médico alborota su cabello oscuro y corto, casi de chiquillo, con la mano.

- No volverá. Tu padre está en la cárcel, y allí vivirá un tiempo que preveo largo, para recapacitar sobre lo que hizo.

- Pero… ¿y si vuelve?... ¿y si lo sueltan? -insiste

Los ojos del médico se cruzan con los de su madre y los de su enfermera, atentas y absolutamente expectantes, a su contestación. Entonces, sólo entonces, es cuando el dolor, el miedo y la desesperación, se adueñan de aquel espacio en el que la esperanza es un mero juguete del destino, en forma de canallada social y papanatismo llamado “violencia de género”

El doctor, pensando en el hijo de puta cobarde que había hecho aquello y en la justicia que le tenía que juzgar, la mira a los ojos y, apretando crispadamente los puños, contesta quedo.

- No lo sé…

El alma de la niña queda vacía ante la contestación derrotada. Entonces el doctor pone sus manos en cada hombro de la mujer recien amanecida y sosteniendo su triste, pero a la vez, dulce mirada, continúa.

- No lo sé, pero tenéis que vivir sin la preocupación de lo que sucederá mañana. Ninguno sabemos lo que el futuro nos depara.

Aprieta con suavidad, ligeramente sus hombros y repite con una mueca que pretende ser sonrisa.

-Tenéis que vivir el hoy- señala a su madre - y ese hoy, es de vida y esperanza para las dos.

Por unos instantes, las dos miradas quedan estáticas fijas la una en la otra, casi perdidas. Luego, con un gesto a su ayudante, abandonan la estancia, mientras el silencio toma carta de posesión como una losa.

Como la fría piedra que cubre la fosa de la esperanza y las ilusiones de las mujeres maltratadas.


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