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NORMANDIA



Relato


AQUELLOS HEROES de PICADILLY CIRCUS*



























Jeffrey Young y Don Marthy se conocieron en las calles del Bronx. Sus peligrosos juegos de niños reconvertidos en cuasi delincuentes les unieron frente a los abusos de los más mayores que ya lo eran.
Jeffrey, del sur de Florida, de piel oscura.Negro. Y Don, canadiense. Afincado a temporadas en los Estados Unidos debido al trabajo de su padre, crecieron en juegos y amistad, sintiendo el cosquilleo del hermano y la necesidad de sentirlo cerca.


Compartieron las primeras peleas, y los primeros besos robados. Incluso en alguna ocasión, hasta de la misma chica.
Pero ahora su preocupación ya no era el mundo que habían conocido. Sino el que preveían iban a vivir ellos y sus hijos. También sus familias.


Alemania había invadido Polonia atreviéndose en un ataque de soberbia, a erigirse amo del mundo. Sus atrocidades para conseguirlo no tenían parangón en la cruel historia de la humanidad. Se creían dioses y habría que hacerlos descender de su Olimpo del horror.
Por eso Jeffrey y Don se habían alistado voluntarios contra la locura germana y la de sus aliados. Pearl Harbour había sido el detonante, la espoleta del orgullo americano, presto, desde aquel momento, a la respuesta obligada a la barbarie.


Jeffrey, un metro noventa y seis y grande como un crepúsculo, no deja de tocar la canana de munición y acariciar las balas. Comprobando que todo está en su sitio junto a la mina antitanque Hawker, los dos detonadores, las granadas de fragmentación, las…
Por unos instantes contempla los rostros serios y callados, algunos concentrados en el rezo, desus compañeros de LCT. Una de las barcazas que en unos momentos tomará la cabeza de playa asignada. Se rumoreaba que la de ellos había sido bautizada como Omaha. Sonrie. Nunca había estado en Omaha. Y ahora que iba, no era.

Cerró los ojos y por unos momentos pensó en Don.


Lo habían asignado a la flota canadiense que desembarcaría en la cabeza de playa definida como Juno.Iba tranquilo. Las caladas lentas, pausadas de su cigarrillo, le parecían más sabrosas que nunca.
Sentado, con el fusil entre las piernas, contempla el negro agujero del cañón. No puede evitar pensar que por allí saldrá la sentencia de muerte a los muchos hijos de puta que despreciaban, de manera tan vergonzosa, a los seres humanos.


























Miró al cielo. La aerotransportada de la 101 pasaría pronto sobre sus cabezas, marcando el principio de la liberación. Se sentía importante, fresco y valiente para afrontar en el momento de la verdad, la decisión tomada de defender a su Patria y al mundo.
Eran las siete cincuenta y cinco del seis de Junio de mil novecientos cuarenta y cuatro. La niebla, como si quisiera formar parte de la historia, envolvía la esperanza de aquellos hombres y la confianza de los alemanes; ajenos a la lluvia que se avecinaba de ciento veinte mil hombres y casi cuatro mil embarcaciones que los transportaban.

Don y Jeffrey, sincronizadamente, al igual que sus compañeros, levantan sus miradas al cielo, para escuchar mejor los motores de los aviones que partieron de Inglaterra y que ya se presientes cercanos a las costas normandas.
En minutos, como en un amanecer de la Creación y entre nubes, los valientes aviones ingleses de la RAFsobrevuelan sus cabezas, dirigiéndose a toda velocidad hacia la retaguardiaalemana, mientras en un estruendo ensordecedor; seis acorazados, veintidós cruceros y setenta y nueve destructores comienzan a vomitar fuego sobre la artillería enemiga, que parapetados sobre las colinas de la playa, las alambradas y los majestuosos bunkers, se aprestan a defender lo que, desconocen todavía, será el principio del final de su hegemonía.


Y en ese cielo iluminado y resplandeciente por los estallidos ininterrumpidos de la muerte, las barcazas de Don y Jeffrey, se deslizan como en un tobogán en la la arena de la playa receptora, y falsamente amigable. Los dos amigos se santigüan a la vez, y en silencio, puestos de pie y con la adrenalina brotando como hierba tras la lluvia, escuchan el sonido de la puerta de la barcaza que hará de plataforma al horror.
Agarran con fuerza, con indignación mal contenida su fusil. Ya no hay temor ni resquicio al miedo. Levantan la cabeza con orgullo y saltan gritando con furia, mientras sus botas se clavan en la arena mojada. Iniciando con aquel primer paso, el camino que los llevaría al infierno o a la gloria.


El resto es historia. Una historia que hoy, más que nunca, los gobiernos y las sociedades del mundo, deberían , sobre todo por respeto a ellos, a los héroes que dieron su vida por la libertad de las personas, volver a recordar mirando hacia un pasado no tan lejano.


· Picadilly Circus fue el nombre en clave con el que se definió en las cartas de navegación a los 90 kms que contemplaban las cinco cabezas de playa a tomar en el desembarco; Utah y Omaha para los americanos, Juno para los canadienses y Gold y Sword para los ingleses.



. UN GRANDE DE LA LITERATURA, ESTUVO ALLI



El escritor J.D. Salinger pertenecía al Servicio de Inteligencia de Estados Unidos. Su misión era interrogar a oficiales alemanes capturados y civiles que aportaran datos relevantes para derrotar a los nazis. Entró en la guerra el 6 de junio de 1944. Ese día desembarcó con su unidad, el 12º Regimiento de Infantería en la segunda oleada en Normandía, en la playa de Utah.
En la mochila llevaba el borrador íntegro de «El guardián entre el centeno».

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