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EL RELOJ DEL ABUELO

Micro
 
 
 
Tan sólo un instante, tan efímero, tan fugaz. . .
y tan eterno.
 

 


El niño miraba absorto, arrobado, el reloj que lucía la humilde vitrina del pequeño salón y que había pertenecido a su abuelo. Todos los días lo contemplaba con extraña admiración y deseo de que un día fuera suyo. Como así sucedió cuando cumplió dieciocho años. En el chaleco lo llevaba, cuando conoció en el baile a la dulce muchacha que sería su esposa y que embelleció su vida con tres hijos. Uno de los cuales le dio, en su soledad, al nieto más avispado que podía soñar y que, en su adolescencia, se encontraba mirando en una vitrina, del lujoso salón, ese reloj del abuelo que, quizá un día, luciría como el más preciado tesoro.


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DESDE UNA VENTANILLA DE TREN

Relato


Ojos vacios contemplando la nada en un periódico. Conversaciones trascendentemente intrascendentes. Gentes dormidas que viajan hacia lo mismo que han dejado atrás.

Nunca pensé que el vaivén del tren fuera también el de mi mente abocando a la cuneta del recuerdo mis vivencias apenas sobrevividas y ahora alojadas como experiencias traumáticas que incidieron en mi personalidad y en el desarrollo adecuado nunca completado.

Observo desganádamente a través de la ventanilla y me asombra el paralelismo entre la rapidez con que pasan los escenarios transformados del paisaje y los fotogramas que conformaron la película de lo que ha sido mi existencia hasta ahora.
Mis ojos se acostumbran a mirar las imágenes del paisaje sin verlas. Como a las escenas de mi vida sin vislumbrarme a mí como su protagonista. Languideciendo impotentemente cuando me rebelo a serlo en alguna de ellas que el tiempo ha marcado con la huella indeleble de las equivocaciones. Lugares, hechos y personas que no reconozco como propios. Sólo cuando el recuerdo es agradable e intenso, sonrío

El destino me permitió vencer en algunas, pero la derrota fue implacable en la mayoría sin ser yo consciente de ello. Hoy me pregunto adonde me habrían llevado las secuencias alteradas de mis decisiones si hubiera sopesado las consecuencias de mis acciones.

Quizá ni siquiera estaría viajando en éste tren. Quizá mi destino fuera otro. O quizá ni siquiera tuviera ya destino.





Me resistí a actuar en el teatro de la vida habiéndome aprendido correctamente el guión. No me dí cuenta de que el casting ya estaba hecho y había sido elegido sin remisión para la función en la que todos compartiremos el mismo final y bajada de telón.

Pero ni eso me arredró. No supe o quise mirar hacia atrás y ver las funciones de otros, ni siquiera para ver si servía para mejorar mi actuación, volviendo a caer en los mismos errores de interpretación. La egolatría sobre mis posibilidades empobreció el fotograma de vistosos colores ensombreciéndolo a grises.

Bajo la cortinilla de la ventana del vagón. Ya no me gusta el paisaje.

O seguramente, lo que ya no me guste, sea contemplar mi vida a través de la ventanilla de un tren aunque, como en éste caso, sea de largo recorrido.

Cierro los ojos, y como el resto, me dispongo a dormir hasta llegar al mismo destino del que partí.

La nada de ninguna parte

EL AGUILA

Relato





Siempre supe que algún día volvería a sentir
la hierba bajo mis pies y caminaría
bajo el sol como un hombre libre...
                                                               
                                 Nelson Mandela



























Veo pasar a la distancia prudente del temor y en vuelo por debajo del mío como en acto de sumisión, a un par de buitres. Despliego mis alas para que vean las plumas blancas de los extremos como advertencia de mi presencia pacífica pero sin provocar incertidumbres de autoridad

Me satisface volar y que me contemplen cuando planeo vigilante por encima de escarpados riscos o montañas. Mimetizarme con la piedra. Con el verde de los valles y contemplarme en el espejo de las aguas cristalinas de los ríos que me permiten admirarme.

¿Qué no soy modesta? Tampoco lo pretendo! Soy un águila

Símbolo de Emperadores que me llamaron Imperial en el fuego fatuo del artificio de sus vanidades. Reyes que magnificaron su imagen añadiendo la mía. Humanos implumes que me necesitaban para volar mucho más alto en sus quimeras.

Esbozo con penetrante mirada entre las hendiduras de la montaña al gamo que nunca sabrá que vive porque mi apetito lo he saciado con la rápida liebre que no supo serlo cuando más lo necesitaba.

Abro totalmente las alas para dejar mi cuerpo planear suavemente como si fuera una hoja del otoño mecida por el aire en su caída.

Me gusta escudriñar la tierra desde mi perspectiva privilegiada, sobrevolando la pequeñez del hombre en su jactancia a ras de suelo.

Disfrutar de espacios inalcanzables que sólo yo puedo paladear sobrevolando por encima de ellos. Me admiran pero mejor tenerlos lejos.

Es magnífico volar formando parte del cielo azul que me envuelve como un escenario para mi función diaria de vida. Hoy me siento especialmente feliz porque las lluvias terminan y llega el tiempo de volar recibiendo los rayos del sol como caricias cromáticas que pincelan de vistosos colores las montañas que habito.

Despliego las majestuosas alas y planeo de nuevo por maravillosos valles regados por las aguas de los ríos que entre cauces de piedras esculpidas por sus arrullos, discurren a sus pies.

Es grande sentirse águila, pero sobre todo saber que lo soy.

Ser consciente de mi fuerza y el respeto de la propia naturaleza amiga que me protege dándome cobijo en lugares inaccesibles a los perversos ojos humanos que lo destruirían por el mero placer de hacerlo.

La rabia al pensarlo me hace replegar las alas pegándolas al cuerpo dejándome caer velozmente en picado, desplegándolas en distancia inverosímil del duro suelo para planear en alarde mayestático hasta alzar de nuevo el vuelo, demostrándome a mí misma que soy fuerte y vigorosa.

Mucho más que ellos. Por eso quizá se nos dio a las grandes aves la facultad de las cimas alcanzables y a los humanos, como a las serpientes, reptar con sus pies por el suelo.

Diviso la piedra de la vida. La llamo así porque posarme sobre ella con mis fuertes garras, sintiéndome en la cumbre, hace que me sienta poderosa.

Descanso avizora de la prudencia y allá voy de nuevo. Ante mí, el horizonte; a mi alrededor, la belleza de las montañas; en mis plumas, el aire fresco de las alturas

Unas nubes oscurecen por unos momentos el sol que da vida a mis ansias y un halo de tristeza se apodera de mi ánimo haciéndome sopesar si ésta vida es la que hubiera elegido de poder hacerlo. Detengo mi vuelo en el risco saliente de cantos agresores que domino con mis garras.


Es grande sentirse águila

La incertidumbre dura segundos. Los que tarda en aparecer el rutilante astro tras el telón blanco de algodón. Yergo la cabeza altiva. Cualquier día de mi vida es un canto a la naturaleza que no disfruta ningún otro ser en el mundo que la cobija.

Ni siquiera el hombre. El ser más codicioso y absurdo que existe sobre la faz de la tierra. Un ser que no se conforma con los dones que la naturaleza le ha otorgado.

El único ser creado que quiere correr más veloz que el gamo y volar más alto que nosotras las aves. Utilizando artilugios que a veces evito, divisando cómo están encarcelados dentro los que pretenden ser libres.

El hombre nunca se integra con la naturaleza a la cual pertenece porque siempre está encerrado en las prisiones que él ha creado llamándolas bienestar o evolución; aviones, coches, casas, religiones, política, obligaciones…

Me da pena

Alejo mis pensamientos del que es mi gran enemigo depredador. Aquél que naciendo libre se debate toda su vida en evitar las cadenas que a sí mismo se impone.

Contemplo el espacio infinito ante mí. Estiro mi cuerpo sintiéndome de verdad Imperial, majestuosa. Tomo un apenas imperceptible impulso con mis músculos y me lanzo al vacío de nuevo. A lo que verdaderamente es mi hogar.




 

Despliego mis alas y me dejo llevar por la brisa que acaricia mi plumaje y mis ansias por vivir. Mi única realidad y presente.

Soy un águila. Con un único e inalterable credo por encima de todo y al que nunca renunciaré...


¡ Ser libre !!




NORMANDIA



Relato


AQUELLOS HEROES de PICADILLY CIRCUS*



























Jeffrey Young y Don Marthy se conocieron en las calles del Bronx. Sus peligrosos juegos de niños reconvertidos en cuasi delincuentes les unieron frente a los abusos de los más mayores que ya lo eran.
Jeffrey, del sur de Florida, de piel oscura.Negro. Y Don, canadiense. Afincado a temporadas en los Estados Unidos debido al trabajo de su padre, crecieron en juegos y amistad, sintiendo el cosquilleo del hermano y la necesidad de sentirlo cerca.


Compartieron las primeras peleas, y los primeros besos robados. Incluso en alguna ocasión, hasta de la misma chica.
Pero ahora su preocupación ya no era el mundo que habían conocido. Sino el que preveían iban a vivir ellos y sus hijos. También sus familias.


Alemania había invadido Polonia atreviéndose en un ataque de soberbia, a erigirse amo del mundo. Sus atrocidades para conseguirlo no tenían parangón en la cruel historia de la humanidad. Se creían dioses y habría que hacerlos descender de su Olimpo del horror.
Por eso Jeffrey y Don se habían alistado voluntarios contra la locura germana y la de sus aliados. Pearl Harbour había sido el detonante, la espoleta del orgullo americano, presto, desde aquel momento, a la respuesta obligada a la barbarie.


Jeffrey, un metro noventa y seis y grande como un crepúsculo, no deja de tocar la canana de munición y acariciar las balas. Comprobando que todo está en su sitio junto a la mina antitanque Hawker, los dos detonadores, las granadas de fragmentación, las…
Por unos instantes contempla los rostros serios y callados, algunos concentrados en el rezo, desus compañeros de LCT. Una de las barcazas que en unos momentos tomará la cabeza de playa asignada. Se rumoreaba que la de ellos había sido bautizada como Omaha. Sonrie. Nunca había estado en Omaha. Y ahora que iba, no era.

Cerró los ojos y por unos momentos pensó en Don.


Lo habían asignado a la flota canadiense que desembarcaría en la cabeza de playa definida como Juno.Iba tranquilo. Las caladas lentas, pausadas de su cigarrillo, le parecían más sabrosas que nunca.
Sentado, con el fusil entre las piernas, contempla el negro agujero del cañón. No puede evitar pensar que por allí saldrá la sentencia de muerte a los muchos hijos de puta que despreciaban, de manera tan vergonzosa, a los seres humanos.


























Miró al cielo. La aerotransportada de la 101 pasaría pronto sobre sus cabezas, marcando el principio de la liberación. Se sentía importante, fresco y valiente para afrontar en el momento de la verdad, la decisión tomada de defender a su Patria y al mundo.
Eran las siete cincuenta y cinco del seis de Junio de mil novecientos cuarenta y cuatro. La niebla, como si quisiera formar parte de la historia, envolvía la esperanza de aquellos hombres y la confianza de los alemanes; ajenos a la lluvia que se avecinaba de ciento veinte mil hombres y casi cuatro mil embarcaciones que los transportaban.

Don y Jeffrey, sincronizadamente, al igual que sus compañeros, levantan sus miradas al cielo, para escuchar mejor los motores de los aviones que partieron de Inglaterra y que ya se presientes cercanos a las costas normandas.
En minutos, como en un amanecer de la Creación y entre nubes, los valientes aviones ingleses de la RAFsobrevuelan sus cabezas, dirigiéndose a toda velocidad hacia la retaguardiaalemana, mientras en un estruendo ensordecedor; seis acorazados, veintidós cruceros y setenta y nueve destructores comienzan a vomitar fuego sobre la artillería enemiga, que parapetados sobre las colinas de la playa, las alambradas y los majestuosos bunkers, se aprestan a defender lo que, desconocen todavía, será el principio del final de su hegemonía.


Y en ese cielo iluminado y resplandeciente por los estallidos ininterrumpidos de la muerte, las barcazas de Don y Jeffrey, se deslizan como en un tobogán en la la arena de la playa receptora, y falsamente amigable. Los dos amigos se santigüan a la vez, y en silencio, puestos de pie y con la adrenalina brotando como hierba tras la lluvia, escuchan el sonido de la puerta de la barcaza que hará de plataforma al horror.
Agarran con fuerza, con indignación mal contenida su fusil. Ya no hay temor ni resquicio al miedo. Levantan la cabeza con orgullo y saltan gritando con furia, mientras sus botas se clavan en la arena mojada. Iniciando con aquel primer paso, el camino que los llevaría al infierno o a la gloria.


El resto es historia. Una historia que hoy, más que nunca, los gobiernos y las sociedades del mundo, deberían , sobre todo por respeto a ellos, a los héroes que dieron su vida por la libertad de las personas, volver a recordar mirando hacia un pasado no tan lejano.


· Picadilly Circus fue el nombre en clave con el que se definió en las cartas de navegación a los 90 kms que contemplaban las cinco cabezas de playa a tomar en el desembarco; Utah y Omaha para los americanos, Juno para los canadienses y Gold y Sword para los ingleses.



. UN GRANDE DE LA LITERATURA, ESTUVO ALLI



El escritor J.D. Salinger pertenecía al Servicio de Inteligencia de Estados Unidos. Su misión era interrogar a oficiales alemanes capturados y civiles que aportaran datos relevantes para derrotar a los nazis. Entró en la guerra el 6 de junio de 1944. Ese día desembarcó con su unidad, el 12º Regimiento de Infantería en la segunda oleada en Normandía, en la playa de Utah.
En la mochila llevaba el borrador íntegro de «El guardián entre el centeno».

EL ESCAPARATE

Relato

Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.” [Apocalipsis 20:2-3]

"Para que Satanás, el embaucador, no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones" (Pablo, Corintios 2:11).

Al anochecer, las luces de la calle junto a las multicolores que emanaban de los escaparates, ofrecían un espectáculo que embriagaba los sentidos.
María y Antonio paseaban, como tantas tardes, cogidos de la mano admirando las hermosas cristaleras de Sunset Boulevard en Los Angeles. Uno de los enclaves preferidos de las féminas, que cada día se extasiaban con los miles de productos que se podían contemplar en los mismos. Desde bolsos y zapatos carísimos, de diseños imposibles, a vestidos de los mejores modistos con los complementos de ensueño que las joyerías exhibían sin recato del precio. Antonio señaló un precioso mueble de cocina que se mostraba en una de las tiendas de decoración. Se trataba de una encimera de mármol con una zona eléctrica de placas vitrocerámicas y otra para hacer comida a la plancha.
Mira qué preciosidad. Quedaría fantástica – dijo mirando sonriente a María, quien no le escuchaba, absorta en contemplar cómo su propia imagen, reflejada en el cristal del escaparate, le sonreía y como si tuviera vida propia, se alejaba hacia uno de los cajones, extrayendo un cuchillo de cocina, dirigiéndose hacia donde estaba ella.
Antonio – contestó sin mirarlo -, estoy volviéndome loca. Mi reflejo no es mi reflejo. Es como si fuera el de otra pers…
Un sordo gemido la obligó a volverse hacia su marido a tiempo de ver cómo éste la contemplaba con los ojos desmesuradamente abiertos a la par que bajaba la cabeza, incrédulo, hacia la roja mancha que se extendía como una onda de agua por su blanca camisa. No dijo nada; cayó de rodillas, muerto antes de que su cara se estrellara contra el duro asfalto tiñéndolo de su propia sangre. Mientras que María veía, sin oírla, cómo su reflejo, señalando a su marido, la miraba riendo histéricamente desde el otro lado del escaparate. Luego se acercó hasta el cristal y pegando su cara en una mueca patética y burlona, miró la mano de María fijamente para llamar su atención. Sólo entonces ésta, se dio cuenta de que llevaba el cuchillo en su mano, totalmente ensangrentado. Y comenzó a gritar con todas sus fuerzas.


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Y SI VUELVE ?

Relato



LA INQUIETUD DEL MIEDO
Ella le coge la mano en silencio, indefensa, mirando a su hija con los ojos con que sólo una madre puede verla. No hay palabras, sólo pensamientos que quizá fluyan para converger en un mismo destino conjunto. O simplemente para reforzar el contacto de la piel unida en caricia.La habitación del hospital es fría, pero no sin alma. En su espacio flotan historias antes vividas en la misma cama, en el mismo sillón del acompañante. En las mismas angustias. La madre se siente triste, no por el mal presagio intuido, sino por la ausencia inmediata de parte de su alma y con ella; de su entereza y alegrías. Sabe que ya no volverá a ser la misma. Su hija, sintiendo la emoción a través de sus manos, le da dulcemente un beso en la frente. La fría y calma voz del doctor hace que se vuelvan hacia él.

- Vamos a quitar las vendas –y añade sonriente – parece ser que las células de los tejidos han reaccionado favorablemente,

Ayudado por la enfermera experimentada y delicada de trato y formas, provoca la ausencia de vendajes alrededor del hombro, del cuello y de la parte lateral de la cara y el oído que permiten descubrir una carne rosada, donde apenas unas semanas antes había dolor, sufrimiento y sorpresa del ácido derramado. La enfermera avanza con un espejo, mostrando los resultados a la mujer quien esboza una tímida sonrisa de agradecimiento en la mirada al doctor que, circunspecto, contempla la escena. La niña, apenas quince años, no contiene el llanto cuando se escucha de nuevo la voz del médico.

- Habrá una segunda intervención en unos meses y si la regeneración tisular de la epidermis es adecuada, en poco tiempo volverá a tener un aspecto casi normal.

- Gracias doctor, no sé cómo…

- No tiene que agradecer nada – le interrumpe éste – si acaso a la Providencia que evitó que el ácido afectara a los ojos o a otras partes sensibles. Ha tenido suerte..

Se vuelve a mirar a la niña, y con un gesto de la mano le indica que se acerque, alejándola un poco de la cama desde donde su madre los sigue con ojos angustiados.

- Esto que has visto hoy, el rostro de tu madre, se llama esperanza; y tú eres el soporte más importante ahora de esa esperanza. Será duro para ti, muy duro, pero el bastón y la clave de su recuperación; serás tú ¿lo entiendes?

La niña lo mira asintiendo, trasluciendo aún el miedo que le produce la visión clavada como un garfio en su mente de lo ocurrido semanas atrás, y de la que fue testigo sorprendido y asustado.

- ¿Y si vuelve?

El médico alborota su cabello oscuro y corto, casi de chiquillo, con la mano.

- No volverá. Tu padre está en la cárcel, y allí vivirá un tiempo que preveo largo, para recapacitar sobre lo que hizo.

- Pero… ¿y si vuelve?... ¿y si lo sueltan? -insiste

Los ojos del médico se cruzan con los de su madre y los de su enfermera, atentas y absolutamente expectantes, a su contestación. Entonces, sólo entonces, es cuando el dolor, el miedo y la desesperación, se adueñan de aquel espacio en el que la esperanza es un mero juguete del destino, en forma de canallada social y papanatismo llamado “violencia de género”

El doctor, pensando en el hijo de puta cobarde que había hecho aquello y en la justicia que le tenía que juzgar, la mira a los ojos y, apretando crispadamente los puños, contesta quedo.

- No lo sé…

El alma de la niña queda vacía ante la contestación derrotada. Entonces el doctor pone sus manos en cada hombro de la mujer recien amanecida y sosteniendo su triste, pero a la vez, dulce mirada, continúa.

- No lo sé, pero tenéis que vivir sin la preocupación de lo que sucederá mañana. Ninguno sabemos lo que el futuro nos depara.

Aprieta con suavidad, ligeramente sus hombros y repite con una mueca que pretende ser sonrisa.

-Tenéis que vivir el hoy- señala a su madre - y ese hoy, es de vida y esperanza para las dos.

Por unos instantes, las dos miradas quedan estáticas fijas la una en la otra, casi perdidas. Luego, con un gesto a su ayudante, abandonan la estancia, mientras el silencio toma carta de posesión como una losa.

Como la fría piedra que cubre la fosa de la esperanza y las ilusiones de las mujeres maltratadas.


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DE ALONSO QUIJANO Y SU CORDURA

 
  

HOMENAJE AL AMANTE DE LOS
LIBROS DE CABALLERIAS LLAMADO
DON ALONSO QUIJANO,
DE NOBLE FANTASIA
Y SUCULENTO AFAN DE AVENTURAS INTITULADAS QUIJOTESCAS, QUE FLUYERAN DE LA MANO NO MUTILADA DEL INSIGNE

 
DON MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

 

 

 
 
Relato
 
 

Las figuras se recortaban en la
nada del camino.
La punta de la lanza
señalaba hacia Dios.
El contraste de sus figuras, no era tal,
sino motivo del paisaje.
El caballero del rocín flaco, miraba
con ojos desorbitados los molinos
de aspas agresivas al viento que
azotaban el aire castigando el
polvo del camino de
inexistentes corceles.
 
—Amigo Sancho, no te equivoques, eso
de ahí, no son gigantes, sino molinos de viento.Y mi locura no tal, sino
descarga de rabia.
 
—¡ Qué decís!, mi señor don Alonso.
¿ Descarga de rabia? ¿y qué se ha hecho
de los gigantes, que certificaban
vuesa locura?
 
—Precaución nada más, Sancho.  El infortunio es de hombres cuerdos, en
cambio la necedad es patrimonio de los hombres que tildan de locos a los que contradicen sus ideas.
 
— Sabias palabras mi señor, pero entonces
¿ no vais a pelear las aspas airosas de
los molinos, cuales brazos necios a los
que os referís?
 
—¡ Claro que sí !, fiel escudero de mi
ánimo. Mi arrebato de carga lo será denostando su poder
frente al mío.
Al molino le ayuda unicamente el señor
de los vientos, en cambio a mi brazo
le ayuda el señor de los cielos,
El Creador.
 
Y en diciendo esto, arrancóse lanza
en ristre contra el aspa majestuosa y
gallarda, que osaba presentarle poco
respeto a su hidalga figura.
 
 
 
El estruendo de la armadura y lo
quebradizo de su cuerpo, dieron
música extraña a tan
desventurada iniciativa.
 
Sancho bajó presuroso de su burra,
en socorro de su amo.
 
 
—Mi señor, cuanta desgracia tengo
ahora que os veo en el suelo, al no
saber si es causa de vuesa cordura o
de vuesa locura que no es tal.
 
—Lo que ves solo es mi cuerpo en el suelo,
y de eso ten certeza. De lo demás, tendrá
que ser tu mente la que lo decida.
 
—No os entiendo mi señor,
¿yo tendré que decidir
vuesa condición de loco?
 
—¿ Y porqué no de cuerdo, amigo mio?
 
   ¿Qué hay de cuerdo en atacar los
brazos de un molino, mi respetado
señor Don Alonso?
 
—Lo mismo que hay de cuerdo en
atacar los brazos armados del enemigo
en el campo de batalla.
 
Incorporose a duras penas
 
¿ O es que acaso lo es más ensangrentar
la espada y la lanza, salpicando a los
nobles caballos inocentes, convirtiendo
en inerte lo que antes tenía alma
y vida, que...
 
 
 
Recogió su adarga y la lanza del suelo,
 no sin comprobar que su estado no
era tan lamentable como el suyo
 
 
... hacerlo sobre un triste molino, moledor
del pan que comes, y que seguirá
haciéndolo tras tu ataque?
 
—Me confundís señor.¿ Ir a las guerras,
y tomar honores en las batallas, es
entonces de locos?
 
—Seguro que no de cuerdos.
 
—Entiendo ahora lo de la rabia,
mi ilustrado señor. Permitidme
ahogar la mía.
 
 
Y en cogiendo dos piedras del suelo,
lanzólas con furia y energía
incontenida hacia el molino, altivo y
victorioso, de la carga de su amo.
 
Hízolo, profiriendo alaridos
desgarradores que
conmovieron al mismísimo
Don Quijote.
 

—Pero amigo Sancho, ¿Qué gritos más espantosos atronan el aire desde vuesa garganta, que no parecen
siquiera humanos?
 
 
Ya más calmado, el fiel escudero, miró sonriente a su señor.
 
 
—No son gritos ni alaridos mi señor,
solo son palabras de furia contra los
necios que veía en las aspas, y que
antes no comprendía que estaban ahí.
 
 
 
—Emprendamos pues de nuevo el camino,
mi buen alumno, porque habeis aprendido todo fiel principio de las caballerias.
 
—¿ Cual mi señor? - le miró respetuoso,
antes de montar de nuevo su burra.
 
—No te dejes nunca engañar por el disfraz
de tu enemigo, caballero o mendigo.
Observa siempre en su interior, y
descubre su alma.
 
Sancho asintió aprobatoriamente, y
ambos emprendieron de nuevo su camino hacia nuevas enseñanzas,
génesis de los caballeros andantes.
 


(Homenaje a uno de los libros
que han marcado mi vida
 
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