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EL AGUILA

Relato





Siempre supe que algún día volvería a sentir
la hierba bajo mis pies y caminaría
bajo el sol como un hombre libre...
                                                               
                                 Nelson Mandela



























Veo pasar a la distancia prudente del temor y en vuelo por debajo del mío como en acto de sumisión, a un par de buitres. Despliego mis alas para que vean las plumas blancas de los extremos como advertencia de mi presencia pacífica pero sin provocar incertidumbres de autoridad

Me satisface volar y que me contemplen cuando planeo vigilante por encima de escarpados riscos o montañas. Mimetizarme con la piedra. Con el verde de los valles y contemplarme en el espejo de las aguas cristalinas de los ríos que me permiten admirarme.

¿Qué no soy modesta? Tampoco lo pretendo! Soy un águila

Símbolo de Emperadores que me llamaron Imperial en el fuego fatuo del artificio de sus vanidades. Reyes que magnificaron su imagen añadiendo la mía. Humanos implumes que me necesitaban para volar mucho más alto en sus quimeras.

Esbozo con penetrante mirada entre las hendiduras de la montaña al gamo que nunca sabrá que vive porque mi apetito lo he saciado con la rápida liebre que no supo serlo cuando más lo necesitaba.

Abro totalmente las alas para dejar mi cuerpo planear suavemente como si fuera una hoja del otoño mecida por el aire en su caída.

Me gusta escudriñar la tierra desde mi perspectiva privilegiada, sobrevolando la pequeñez del hombre en su jactancia a ras de suelo.

Disfrutar de espacios inalcanzables que sólo yo puedo paladear sobrevolando por encima de ellos. Me admiran pero mejor tenerlos lejos.

Es magnífico volar formando parte del cielo azul que me envuelve como un escenario para mi función diaria de vida. Hoy me siento especialmente feliz porque las lluvias terminan y llega el tiempo de volar recibiendo los rayos del sol como caricias cromáticas que pincelan de vistosos colores las montañas que habito.

Despliego las majestuosas alas y planeo de nuevo por maravillosos valles regados por las aguas de los ríos que entre cauces de piedras esculpidas por sus arrullos, discurren a sus pies.

Es grande sentirse águila, pero sobre todo saber que lo soy.

Ser consciente de mi fuerza y el respeto de la propia naturaleza amiga que me protege dándome cobijo en lugares inaccesibles a los perversos ojos humanos que lo destruirían por el mero placer de hacerlo.

La rabia al pensarlo me hace replegar las alas pegándolas al cuerpo dejándome caer velozmente en picado, desplegándolas en distancia inverosímil del duro suelo para planear en alarde mayestático hasta alzar de nuevo el vuelo, demostrándome a mí misma que soy fuerte y vigorosa.

Mucho más que ellos. Por eso quizá se nos dio a las grandes aves la facultad de las cimas alcanzables y a los humanos, como a las serpientes, reptar con sus pies por el suelo.

Diviso la piedra de la vida. La llamo así porque posarme sobre ella con mis fuertes garras, sintiéndome en la cumbre, hace que me sienta poderosa.

Descanso avizora de la prudencia y allá voy de nuevo. Ante mí, el horizonte; a mi alrededor, la belleza de las montañas; en mis plumas, el aire fresco de las alturas

Unas nubes oscurecen por unos momentos el sol que da vida a mis ansias y un halo de tristeza se apodera de mi ánimo haciéndome sopesar si ésta vida es la que hubiera elegido de poder hacerlo. Detengo mi vuelo en el risco saliente de cantos agresores que domino con mis garras.


Es grande sentirse águila

La incertidumbre dura segundos. Los que tarda en aparecer el rutilante astro tras el telón blanco de algodón. Yergo la cabeza altiva. Cualquier día de mi vida es un canto a la naturaleza que no disfruta ningún otro ser en el mundo que la cobija.

Ni siquiera el hombre. El ser más codicioso y absurdo que existe sobre la faz de la tierra. Un ser que no se conforma con los dones que la naturaleza le ha otorgado.

El único ser creado que quiere correr más veloz que el gamo y volar más alto que nosotras las aves. Utilizando artilugios que a veces evito, divisando cómo están encarcelados dentro los que pretenden ser libres.

El hombre nunca se integra con la naturaleza a la cual pertenece porque siempre está encerrado en las prisiones que él ha creado llamándolas bienestar o evolución; aviones, coches, casas, religiones, política, obligaciones…

Me da pena

Alejo mis pensamientos del que es mi gran enemigo depredador. Aquél que naciendo libre se debate toda su vida en evitar las cadenas que a sí mismo se impone.

Contemplo el espacio infinito ante mí. Estiro mi cuerpo sintiéndome de verdad Imperial, majestuosa. Tomo un apenas imperceptible impulso con mis músculos y me lanzo al vacío de nuevo. A lo que verdaderamente es mi hogar.




 

Despliego mis alas y me dejo llevar por la brisa que acaricia mi plumaje y mis ansias por vivir. Mi única realidad y presente.

Soy un águila. Con un único e inalterable credo por encima de todo y al que nunca renunciaré...


¡ Ser libre !!




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