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EL PASTORCILLO

(Cuento de Navidad)

























     El pastorcillo aún no había acabado de sacar el
    mendrugo  de pan de su zurrón, cuando tuvo que
    cerrar los ojos ante la deslumbrante luz recién
    transformada en bello ángel blanco de inusitadas
    alas del mismo color.

- ¿Quién eres? – preguntó tapándose los ojos para no ser cegado por el resplandor.

- Me llamo Gabriel. Y vengo a comunicarte algo que llenará de gozo tu corazón

- Mejor sería que llenara mis alforjas

- No, Marcos, el dinero no lo es todo.

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Porque soy un ángel del Señor.

- De que señor?

- Del Señor Dios. Y vengo a decirte que su hijo está a punto de nacer

- ¿El hijo de Dios?

- Y de María, la esposa de José.

Marcos lo miró atentamente, escudriñándolo.

- ¿La esposa de José?

- Eso es!

- Y de Dios! –remachó Marcos

- No, de Dios es sierva. Y madre de su hijo – aclaró el ángel

- Ya ¿ y de José es…?

- Ya te lo he dicho; esposa y madre de su hijo – contestó impacientándose el ángel.

- Madre de su hijo. Y del de Dios. Pero es uno para nacer.

El Angel lo miró condescendiente y prosiguió.

- No debes preocuparte de eso. Coge un corderillo y se lo ofrendas.

- ¿Se lo ofrendo a Dios, a la madre, al niño o al pobre José?

La pregunta pilló un tanto desprevenido a Gabriel, pero sonriendo, contestó saliendo del atolladero…

- A todos!

- ¡Qué follón, no? ¿cómo lo digo? … vengo a ofrendarles éste cordero a todos los aquí presentes!

- Eso es. Además, cuando llegues, estarán los reyes con sus ofrendas.

- ¿Qué Reyes?

- Los Magos de Oriente

- Ya. Y esos que llevan, más corderos?

- No, ellos llevarán; oro, incienso y mirra.

- Y yo un cordero! No voy a tener éxito – replicó dubitativo.

- Lo importante es que vayas y ofrendes – le tranquilizó el Angel. – No el valor del regalo.

- ¿Y cómo llego?

- Sigue a la estrella– dijo señalando el cielo a una brillante luz.

- No sé si voy a llegar a tiempo. ¿Cuándo tiene previsto nacer?

- En pocas horas. Ahora voy a anunciárselo a María.

El pastorcillo lo miró de arriba abajo.

- ¿Vas a anunciarlo a María? ¿Qué no lo sabe?

- Aún no.

La carcajada del pastorcillo descolocó un poco a Gabriel.

- ¿De qué te ríes?

- Despistada la María ¿no?

- Es que ella será concebida por obra del Espíritu Santo.

- ¡Toma!! –expreso con admiración el pastorcillo, quién acercándose junto al Angel, comentó en plan cómplice - ¿Y Dios, María y José; qué dicen?

- Estarán encantados. Son designios del Señor.

Marcos se rascó la cabeza, y mirando a Gabriel, le dijo;

- Mira, no digo que no esté bien todo eso, pero me parece mucho follón para un humilde pastor para aparecer encima, de repente, yo con un cordero. Mejor sigo aquí cenando y convences a otro.

Gabriel no daba crédito (como ahora los bancos) y replegando sus alas contestó;

- Tú te lo pierdes. Pero esto es irrepetible. Y habías sido el elegido para alabar al Señor y su Gloria.

- Y lo agradezco, no vayas a pensar que no, pero… me quedo por el monte que es lo mío.

- Cómo quieras – y desplegando sus alas, el ángel, que ya iba justo de tiempo, se fue a ver si convencía a otro. Necesitaba un pastorcillo para dar ambiente, como fuera.

Al quedarse sólo de nuevo Marcos, y mordiendo un trozo del mendrugo de pan, pensó;

- Mira que hay gente rara y de poco futuro. Qué imaginación!!

Y mirando al cielo, se recostó a contemplar cómo aquella luz brillante, parecía bajar hacia la montaña.

FIN





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