Y
cuando yo también vaya durmiéndome en tu amor, desnudo, deja mi mano entre tus
pechos, para que palpite al mismo tiempo que tus pezones mojados en la lluvia.
Pablo Neruda. Poema de la lluvia (Rapa Nui)
Aconsejo escuchar éste enlace de
fondo, en tono suave, mientras lea éste relato.
COLORES EN EL AGUA
Comienza a llover, transformando el
seco paisaje, en naturaleza sobrevivida entre cemento. La lluvia borra del
suelo mis pasos, volviéndolos inexistentes. Como si nunca hubiera transitado
caminos. Como si nunca hubiera ido a ninguna parte. Pero se equivoca en su
propósito, porque hoy me siento optimista al estar en mi primer día del resto
de mi existencia. Mi informe médico en el bolsillo, así lo certifica.
Me cala el cabello, haciéndome
sentir parte de ella, mimetizándome como agua que soy. Las gotas cristalinas
parecen emociones diluidas cuando se deslizan por mi rostro, hoy agradecido y abnegado,
gustosamente, a recibirlas. Veo gente que corre a resguardarse de la
improvisada e inesperada lluvia, como si fuera amenaza del ser, que en mí, es
vida. Aspiro con ansia el aire húmedo que llega a mis sentidos, que se
convertirá luego en aromas y colores de Arco Iris. Pero eso será más tarde.
Ahora será fácil enfrentarse a
los elementos y combatir con eficacia a la adversidad. Esta vez es fácil. Sonrio…
y abro el paraguas, dejando que una cortinilla de agua, marque el territorio
íntimo de mi cuerpo al andar.
Pero en apenas segundos, de nada
sirve mi estrategia contra el viento que arrecia y empuja al agua, desviándola de su caída natural,
haciendo que los cuerpos empapen agua del cielo, sintiéndose por unos momentos,
ubicados en la naturaleza primitiva que fueron alguna vez.

El paraguas, inesperadamente, se
vuelve del revés como las malas decisiones. Y corro a resguardarme en un porche
cercano - en el que toca, de pie e imperturbablemente su violín, un músico
callejero con aspecto de viejo profesor, parapetado en su sombrero -, confiando
en que amaine, y proseguir mi camino.
Alguien corre hacia donde me
encuentro, luchando desesperadamente por controlar su artefacto casi convertido
en recuerdo de lo que fue un elegante paraguas blanco. Lleva sus zapatos de tacón en la
mano. Me aparto y dejo sitio a la sonrisa hermosa de princesa, a quien saludo
cortésmente. Ella intenta componer adecuadamente el paraguas y yo la ayudo en
su voluntarioso intento.
Tras unos minutos de intrascendente, pero agradable
conversación - con fondo de czardas -, sobre zapatos y lluvia, la furia del
agua se convierte en dócil llovizna. Me ha dicho su nombre y yo el mio. Nos
hemos mirado a los ojos, y hemos intuido, inexplicablemente, que a veces los
sentimientos están parapetados prestos para desencadenarse, con música húngara,
un violín y bajo una lluvia que los propicie.
Me extiende su mano que siento,
durante unos breves segundos, como increíble caricia soñada, y contemplo cómo ella se aleja,
crecida de nuevo en sus tacones, mientras me dice adiós con la mano, en la que intuyo he depositado mi alma, dejando su
sonrisa flotando en el maravilloso escenario en que ha convertido aquél lugar.
Levanto la cabeza y cerrando los ojos, aspiro ese
aroma especial que nace después de llover, indescriptiblemente limpio, que tanto
me gusta porque parece que aún no se ha instalado la maldad.
Dejo unas monedas
en el estuche del violinista, que me sonríe educadamente cómplice. Y reemprendo
el camino, acompañado por el recuerdo de sus refulgentes ojos verdes, que se
convirtieron en esmeraldas bajo la lluvia.
Miro la nota en que he apuntado su teléfono para llamarla
mañana. Es un día realmente precioso. Saludo a todo el mundo -sintiéndome como
Gene Kelly -, a personas que devuelven mi saludo, anhelantes de hacerlo al recibirlo.
Será porque todos necesitamos una sonrisa en la incesante lluvia de nuestros propios sentimientos.
No he podido
comenzar mejor mi vida.



Enrique, que te voy a decir, es precioso y muy romàntico!. Tenias que explorar tambièn ese gènero. Lo voy a compartir en Google con todas mis pinturas.
ResponderEliminarUn abrazo
Otro para tí, Mercedes. Gracias como siempre por pasarte.
EliminarMe ha gustado mucho, Enrique, sobre todo este trocito: "Levanto la cabeza y cerrando los ojos, aspiro ese aroma especial que nace después de llover, indescriptiblemente limpio, que tanto me gusta porque parece que aún no se ha instalado la maldad". A mí también me gusta mucho el olor que permanece en el ambiente después de llover; huele a vida.
ResponderEliminarLa música húngara, también genial.
Muchísimas gracias por pasarte, Mayte y también por tu sensibilidad. Y tienes razón, ese aroma es vida. Un besico.
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